miércoles, abril 15, 2015

Matsukaze




¿Pero qué es esto? ¿Qué tanto quieren las palabras?
Se empeñan en convertirse en ensalmo, en poema, exigen un pretendido rol de salvadoras, hacerse visibles en la escritura, tomar las tierras de la gracia. No hay garganta que soporte tanta sequía, no hay boca que algo pueda decir en el lecho cuarteado, entre las piedras. Nada que ganar, ningún triunfo.
Pero las palabras insisten y anhelan ser la traducción de un verbo que adentro resuena, cierto temple del alma, cierta belleza.
¿Pero de verdad, qué les pasa?
Deberían asumirse aire, simple aire, culpables ellas también del torbellino, de los altos muros que avanzan hacia nosotros y nos cercan. Tanta palabra acumulada ya no dice sino que brama. Maremoto de polvo, grisalla.
Algunas tendrían que pedir perdón, mirarse hacia adentro y callar.
Las palabras, todas, deberían callar, y escuchar su sonido, su simple sonido de brisa ligera, una tarde de verano, entre los pinos.
La mano, sin anotar, contemplativa, abierta, dejando ir.

domingo, abril 05, 2015

Doldrums



 
Dalí a la edad de 6 años, cuando creía que era una niña, 
levantando la piel del agua para ver a un perro que duerme a la sombra del mar


Esta piel de madera, carcomida por la intemperie de los años; estos corredores por donde circulara el aire, día tras día, como un fuego, lamiendo; estas sobras del mundo, deshidratadas. Y la claraboya, y el mar, quién sabe si para siempre separado. 

De lo vivido, poco queda: un decirse de palabras secas, acaso una añoranza imaginada, algún lamento con celaje de pregunta.

¿Esto fue todo? 

¿Tal es la recompensa? 

¿Valió la pena?

Pero así lo hemos querido. Pedimos la calma, la imploramos cuando ya el ardor del temporal nos consumía, al borde del abismo con el abismo mirando. Pedimos la calma y la calma ha sido concedida, este vacío de esquinas fatigadas, estos huesos al sol y el horizonte, el mar, como ensayo, como falsa esperanza.

Qué extraña sabiduría es el desapego de la mirada.


miércoles, marzo 25, 2015

Sueño con árbol



 John Constable, An oak tree in a hayfield


Fui la sombra de un árbol, y le di cobijo a un cabrero que había estado mucho tiempo al sol; a una pareja que llegó y se besó en silencio; a unos niños que jugaban allá afuera y luego se acostaron a masticar tallos de hierba; a una mujer que se sentó a mirar el horizonte y nada más; a uno que vino a llorar en silencio, y a un caballo, que se reclinó y murió. Su sombra se hizo trote por el campo. 


lunes, marzo 23, 2015

Monzón



Ships Deck, Gerald Robillard


Perdure la gracia en quien no haya necesitado los excesos del aire.

Sólo hemos sabido de aquel que no tuvo la virtud de administrar la distancia. Arrastrado, revolcado, su piel tensada, curtida de golpe por el vaho caliente del bramido, sin gaviero, sin faros, temperamental entre los escollos, sin soga para el mástil ni cera para los remeros, apretando los dientes, sujetándose a la borda, rasgando la madera, así tan sólo para escuchar el canto, el abalorio de los sentidos.

Para nada astuto, para nada sabio.

Al llegar a tierra, lo vimos bajar con la sal en los labios y cierta alegría de idiota.

Fue juzgado por ello, por su maldad caprichosa, digamos. 

Se sabe y poco importa: no se escribe un libro sano sobre los naufragios y las resurrecciones. 

Cruzada y exilio, toda borrasca pide abismo, y todo abismo convoca la calma. 

Pero hay quien no necesita salvarse, y siempre tomó precaución de la intemperie. 

O fue cobarde.

jueves, marzo 19, 2015

Harmattan


Arbre du Sahel balayé par le vent de l'harmattan, Catherine Baum


Alguien toca a nuestra puerta, nos ofrece vacunas de dudoso origen.  No abro, no confío. Entrarían además el polvo, sus voces, los espíritus. 

Dijiste que el calor nos sería benigno, que sanaríamos. Y sí, refrescó, un poco, poco ha sido en nuestros cuerpos. Adentro, en nuestras cabezas, algo se inflama.

Todo alivio es efímero, y esto es como el amor. Te elevas y después el tormento, la tierra devastada e infértil. Las semillas del oware han quedado esparcidas. La tabla rota sobre la mesa. Ya el juego no es posible, nada se siembra entre las grietas. Y afuera la calima tapa el sol, y los aviones no emprenden el vuelo. En la ventana, la silueta de la mezquita se engaña a sí misma. Ha muerto Dios, han muertos los dioses. En cambio los espíritus envuelven el mundo. Están en el polvo, ellos son el polvo y la ruina. No es posible el retorno, ya no. 

Dijiste que sanaríamos, atravesamos el mar, nos fuimos lejos. Siento que nunca partimos, y que ya la niebla nos respira en los pulmones, para siempre. Esto es como el amor, ¿comprendes?

viernes, marzo 13, 2015

Vahaje



 Summer Breeze, Alice Dalton Brown


En la cara, el roce, un ensalmo y el silencio, quedándose. Como si el universo entero nos perdonara, y del olvido ni siquiera el recuerdo. Como después de la guerra, de escapar y de correr desnudos por las calles, gritando lamentos y terrores, de rodillas por fin, entre unos brazos. Como si te dijeran ya, ya todo pasó, descansa, tranquilo, aquí el cielo, aquí el parque, la luz en tu ventana, tu barco de papel, aquí todo el amor devuelto. Así en la cara, el roce.